El pasado jueves fue mi última clase en mi querido taller de cerámica y hoy, 30 de junio de 2024, dejo colgado el delantal por un tiempo.
Aunque en este local apenas llevemos año y medio, no han sido pocos los mares por lo que hemos surcado desde que se materializara este proyecto allá por 2019, y por supuesto que cuando eso pasó, jamás pensamos que llegaría a convertirse en lo que hoy es.
Y es que en un mes y medio empiezo una nueva etapa laboral en Minnesota, otro sueño que, como Hago Ballenas, he podido ver cumplido.
Me permitiréis que continúe con la metáfora de la profesora de lengua y literatura que soy, pero es que ni varada ni a la deriva, la ballena se queda a buen recaudo, ya que será mi compañera Carla Luján quien se quede de timonel en este proyecto mientras dure mi aventura allende del océano.
He sido muy feliz creando y construyendo lo que hoy es Hago Ballenas y estoy muy agradecida a todas las alumnas y compañeras maravillosas que han pasado por el taller estos años y que seguro seguirán pasando. Me quedo muy tranquila porque se queda en buenas manos.
No me puedo despedir mejor que con una frase de un gran libro que inspiró mucho este proyecto, que no es otro que Moby Dick, de Herman Melville, que dice así:
«No sé lo que puede llegar, pero sea lo que sea, iré hacia ello sonriendo«.
¡Nos veremos pronto en el taller!
Débora.
