«¡Todo hacia la muerte avanza de concierto, toda la vida es mudanza hasta ser muerto!»

Hoy quiero hablar de cambios, ya que quizás sea una de mis constantes en esta vida. ¿Curioso, verdad? Lo decía Heráclito y yo hago mío su aforismo.

Si tomamos el significado más usado de la palabra mudanza, llevo ya diez a mis espaldas (de las cuales, por un lado, dos han sido a una misma casa y tres a otra de un total de seis viviendas. Lo que pudiera parecer un acertijo matemático, no podría estar más cerca de la realidad. Otro día quizás os lo cuente.).

Sin embargo, quiero hablar de otra mudanza, de la entendida como la variedad de afectos hacia lo que la vida te va poniendo delante mientras la vas consumiendo, y que no siempre van en la misma dirección o apuntan hacia la misma disciplina. O lo que podríamos resumir de una manera más prosaica tirando de refranero español: «El que mucho abarca poco aprieta» o «Aprendiz de mucho, maestro de nada«.

Sobre estas tesituras me vengo moviendo yo desde hace ya varias décadas. En la ansiedad de no poder abarcar todo lo que es de mi interés en esa contrarreloj que llamamos vida y no pocas veces enfrentándome a los obstáculos que suponen quienes han desconfiado de esta manera tan vehemente de acercarse a lo que te gusta, de reivindicar el diletantismo como forma de vida y sin dotarlo de connotaciones peyorativas.

Porque sí, porque la que desde aquí os escribe, antes de HACER BALLENAS ha podido ser bibliotecaria, trabajadora social en la costa gaditana con dominio del árabe, presentadora de telediario, guionista de cine, escritora, detective privado, profesora de lengua y literatura, directora escénica, doctora en literatura del siglo XIX, modista, secretaria de dirección, bajista de un grupo de rock, dependienta en tienda de calzado y relojes, yogui, comercial de puerta fría, presentadora de programa de cine, bióloga marina, maratoniana, pintora a la acuarela , historiadora del arte y antropóloga, entre muchas cosas más.

Ya lo decía una amiga con la que pude coincidir (o no) en alguna de las «experiencia/ilusiones» mencionadas en el párrafo anterior: «existen dos tipos de currículos para una misma persona, el que contempla las cosas que has hecho y el que incluye las cosas que has intentado, aunque no las hayas conseguido». Ambos te definen como persona y el único impedimento para que muden de estado es la falta de tiempo de la que dispones en tu existencia.

Y es que yo la vida no la concibo sin ese cambio y esa mudanza a la que alude Valle Inclán en el fragmento que he tomado como título de esta entrada de blog. Y tampoco concibo el tener que subyugarse en cuerpo y alma a «ser» una única cosa en la vida…

Quizás, entonces, no sea casualidad sino forma de vida que este fin de semana me mude de nuevo. Esta vez no como civil a otra vivienda, sino como aprendiz (que no maestra) de lo que más disfruto haciendo de un tiempo a esta parte, de eso que va de barros y ballenas. Y quizás tampoco sea casualidad que en menos de dos años haya dado un salto tan cualitativo en lo que al mismo tema se refiere, pasando de un pequeño taller en una de esas seis casas en las que he vivido, a un taller en un espacio compartido con varios artistas de muchas disciplinas. Quizás, entonces, se pueda abarcar más de lo que muchas veces contemplamos. Quizás solo con disfrutar lo que hacemos sea suficiente…

… Porque la vida es mudanza y lo único constante es el cambio.

De ballenas y leviatanes.

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